Esta es la última vez que escribo desde el Altiplano... suele sucederme al finalizar los viajes que empiezo a sentir una linda necesidad de retornar a casa, de entrar en la gran capital y tengo una ansiedad que no carece de alegría por reencontrar lo que en general suele fastidiarme: los subtes, el ruido, las bocinas, la rutina de todos los días. Y, sin embargo, debo confesar que no quiero volver, que podría quedarme varias semanas más recorriendo de modo lento, con menos carga de equipaje y no tantos medios de transporte en tan poco tiempo, estos hermosos países cercanos, llenos de paisajes deslumbrantes y gente maravillosa.
Desde el viernes pasado he salido de Cusco, pasado por La Paz, conocido Potosí, visitado Uyuni con su salar, apenas pisado Oruro (ciudad bastante fea, habrá que ir en tiempos de carnaval), cruzado de nuevo por La Paz y he descansado finalmente estos tres últimos días en la bonita ciudad de Coroico, especie de paraíso en medio del Altiplano, con temperaturas cálidas que me permitieron andar en ojotas y pollera y usar la pileta del hotel. Pero lo más hermoso es el río de aguas cristalinas donde me bañé ayer y hoy rodeado de montañas repletas de vegetación, y no sólo de plantas inmensas y de colores variados, sino también hermosas flores rojas, amarillas y violetas, todo inundado de aves, desde pequeños pájaros hasta intimidantes buitres que sombreaban el camino.
En la noche de ayer fuí a bailar Saya que es la danza de la comunidad afroboliviana que habita en esta zona, aquí pudieron encontrar algo más cercano a su ecositema y desarrollaron una música característica llena de tambores y ritmo acompasado. Era muy divertido verme seguir ese baile y también los otros, los del folclore nacional que pasaban cuando el conjunto musical tomaba un descanso.
Este fin de semana largo fue el cierre perfecto para unas vacaciones increíbles y estoy agradecida
infinitamente a las montañas, a su grandeza y los espíritus que las habitan. Y vuelvo al nivel del mar buscando con mi ojos alguna ondulación en el horizonte que no sea una catedral o un monumento...
domingo, 23 de marzo de 2008
miércoles, 19 de marzo de 2008
El tío Jorge
Existe un personaje mítico al cual los mineros de Potosí rinden culto que no es otro que el tan mentado diablo (¿Bochini no juega?), pero también conocido en estas zonas como el tío George, porque a diferencia del Tata, Dios Padre que reina en los cielos, el lugar de poderío de este ser de las tinieblas es justamente el mundo subterráneo. Resulta uno de los momentos más interesantes de la excursión a las minas el observar el sentido que estos trabajadores aplican a su trabajo, las maneras que tienen de retribuir a la tierra lo que les brinda de forma tan fértil que parece imperecedera. Yo creo que sin esos simbolismos y fe puesta en figuras de demonios, pero también de santos, no podrían aguantar las entre 6 a 9 horas, con posibles turnos de 12 o 24 horas metidos en túneles donde falta el oxígeno, las condiciones laborales son las mismas que hace dos siglos y no tienen seguro de ningún tipo; todo esto agravado por el hecho de que poco a poco se producen contunciones incurables en los pulmones que determinan una vida que no sobrepasa los 45 años.
Había escuchado muchas opiniones encontradas sobre este fenómeno extraño, en donde "pichar" coca constantemente y los viernes beber una botella entera de alcohol puro, sí el de las heridas, entre 10 o 15 mineros, es una práctica común. En general el horror, la impersión y el tratar de seres sin raciocinio a estos hombres que arriesgan su vida diariamente, es lo más escuchado. Y sin embargo, su visión del mundo no deja de ser acertada, ellos viven en el presente y poco se preocupan por lo que pueda llegar a suceder en el futuro, por eso saben que un día las manos se llenan de billetes si obtuvieron una buena reserva de minerales o metales, pero no desconocen que la próxima semana puedan llegar a no recibir nada. Y este vivir al límite les implica no planificar ningún futuro, no digo que esté bien, ni siquiera juzgo, pero admiro que ellos ven el resultado de su labor al momento, lejos de la burocracia que implica muchas veces el granito de arena que uno aporta para una super compañía o el desinterés en el propio trabajo que sólo espera la hora de retornar a casa, ellos saben por qué están ahí, para qué y qué pueden esperar de su trabajo. Y esta reflexión no es pura impresión, hablando con los mismos mineros se puede ver que no denigran su trabajo y en cierto modo, la manera de aprenderlo, de maestro a discípulo tiene el prestigio por antiguedad y habilidad de los grandes oficios.
Y resulta bastante embarazoso meterese en su mundo, turistas vestidos con trajes como para ir a la luna, cuando ellos con jeans viejos y remeras gastadas pasan la mitad de su vida tornenado, cargando carretas y carros, perforando la tierra, resulta casi obsceno inmiscuirse en su pedazo de roca para mirar asombrado sus labores y prácticas. Un mexicano molesto que les hacía preguntas como "Y ustedes son concientes de las enfermedades y la corta vida que les da este trabajo?", sorpendido como si en nuestros países también lationamericanos no hubiera atrocidades semejantes, para luego fotografiarse con minero que pasaba delante de su cámara último modelo. Ese tipo de situaciones me da mucha bronca.
Por supuesto no deja de ser terrible las condiciones en las que ellos utilizan su fuerza de trabajo diariamente, pero lo que rescato es que no es gente que no piensa y actúa por inercia o que carece totalmente de mentalidad. Es una forma, entre tantas, de afrontar las dificultades económicas de la vida.
Estoy en el pueblo de Uyuni, he visitado el Salar más grande del mundo esta mañana, un paisaje muy extraño, muy lindo también, todo blanco, parece nieve, ¡pero es sal! Y en el medio de tanta pureza una isla con cactus gigantes, saqué muchas fotos para mamá que sé que adora estas plantas. Esta noche parto en tren (sí quería viajar por este medio) a Oruro y luego La Paz, de nuevo. La realidad es que no me queda mucho más tiempo estas tierras...
Había escuchado muchas opiniones encontradas sobre este fenómeno extraño, en donde "pichar" coca constantemente y los viernes beber una botella entera de alcohol puro, sí el de las heridas, entre 10 o 15 mineros, es una práctica común. En general el horror, la impersión y el tratar de seres sin raciocinio a estos hombres que arriesgan su vida diariamente, es lo más escuchado. Y sin embargo, su visión del mundo no deja de ser acertada, ellos viven en el presente y poco se preocupan por lo que pueda llegar a suceder en el futuro, por eso saben que un día las manos se llenan de billetes si obtuvieron una buena reserva de minerales o metales, pero no desconocen que la próxima semana puedan llegar a no recibir nada. Y este vivir al límite les implica no planificar ningún futuro, no digo que esté bien, ni siquiera juzgo, pero admiro que ellos ven el resultado de su labor al momento, lejos de la burocracia que implica muchas veces el granito de arena que uno aporta para una super compañía o el desinterés en el propio trabajo que sólo espera la hora de retornar a casa, ellos saben por qué están ahí, para qué y qué pueden esperar de su trabajo. Y esta reflexión no es pura impresión, hablando con los mismos mineros se puede ver que no denigran su trabajo y en cierto modo, la manera de aprenderlo, de maestro a discípulo tiene el prestigio por antiguedad y habilidad de los grandes oficios.
Y resulta bastante embarazoso meterese en su mundo, turistas vestidos con trajes como para ir a la luna, cuando ellos con jeans viejos y remeras gastadas pasan la mitad de su vida tornenado, cargando carretas y carros, perforando la tierra, resulta casi obsceno inmiscuirse en su pedazo de roca para mirar asombrado sus labores y prácticas. Un mexicano molesto que les hacía preguntas como "Y ustedes son concientes de las enfermedades y la corta vida que les da este trabajo?", sorpendido como si en nuestros países también lationamericanos no hubiera atrocidades semejantes, para luego fotografiarse con minero que pasaba delante de su cámara último modelo. Ese tipo de situaciones me da mucha bronca.
Por supuesto no deja de ser terrible las condiciones en las que ellos utilizan su fuerza de trabajo diariamente, pero lo que rescato es que no es gente que no piensa y actúa por inercia o que carece totalmente de mentalidad. Es una forma, entre tantas, de afrontar las dificultades económicas de la vida.
Estoy en el pueblo de Uyuni, he visitado el Salar más grande del mundo esta mañana, un paisaje muy extraño, muy lindo también, todo blanco, parece nieve, ¡pero es sal! Y en el medio de tanta pureza una isla con cactus gigantes, saqué muchas fotos para mamá que sé que adora estas plantas. Esta noche parto en tren (sí quería viajar por este medio) a Oruro y luego La Paz, de nuevo. La realidad es que no me queda mucho más tiempo estas tierras...
martes, 18 de marzo de 2008
Al fin paz en La paz
El sábado regresé a la capital y pude descubrir un lado más tranquilo de esta tumultosa ciudad llena de mercados, bocinas y gritos. Debe ser el país con más bocinazos... un poco debido a la escasez de semáforos y otro poco porque hay muchas calles angostas y con curvas sinuosas por lo que se debe avisar al posible conductor que viene del otro lado.
Lo que hice durante este fin de semana más que nada fue pasear por las montañas aledañas a la ciudad, disfrutando del paisaje hermoso que parece imposible de descubrir detrás de todo el caos y edificios. Los picos nevados, la pareja de halcones que se ofrecieron a mi vista durante el viaje en la camioneta de mi amigo paceño Guido, la tranquilidad de los cerros coloreados por un sol inmenso que por fin se dignó a asomarse en La Paz, me elevaron a un estado de paz y tranquilidad interior que no dejaba de lado el sentimiento de felicidad. Y quién crea que Piazzolla es sólo para las porteñas callecitas de Buenos Aires, puedo decirle que se alcanzan estados extáticos disfrutando su música rodeada de montañas y naturaleza casi virgen; centenares de unas ciertas aves blancas llamadas Marías se adelantaban a nuestro paso en vehículo, llamas y obvejas pastando como buenas amigas, cielo abierto e inagotable.
Fue una tarde hermosa en la que también pude descubrir la otra cara de la ciudad, los barrios más adinerados, las cuatro por cuatro y un estilo de vida que nada tiene que envidiarle al de la clase alta argentina.
Ahora estoy en Potosí, ayer con Pablo estuvimos en unas termas inmersas en medio de las montañas, El ojo del Inca, un lugar paradisiaco, con cerros que se asemejan a los del norte argentino, repleto de colores por los diferentes minerales y algunos arbustos rodeando las aguas.
Prácticamente solos pudimos bañarnos tranquilamente en la laguna de circularidad perfecta y disfrutar de la vida. Hacia la tardecita amenizamos un poco más el feliz momento tomando una cervecita... que en Bolivia también era St Patrick, che!
Hoy una de las excursiones más interesantes, entramos en una mina. Pero eso quedará para otro momento, hay sol y Potosí llama.
Lo que hice durante este fin de semana más que nada fue pasear por las montañas aledañas a la ciudad, disfrutando del paisaje hermoso que parece imposible de descubrir detrás de todo el caos y edificios. Los picos nevados, la pareja de halcones que se ofrecieron a mi vista durante el viaje en la camioneta de mi amigo paceño Guido, la tranquilidad de los cerros coloreados por un sol inmenso que por fin se dignó a asomarse en La Paz, me elevaron a un estado de paz y tranquilidad interior que no dejaba de lado el sentimiento de felicidad. Y quién crea que Piazzolla es sólo para las porteñas callecitas de Buenos Aires, puedo decirle que se alcanzan estados extáticos disfrutando su música rodeada de montañas y naturaleza casi virgen; centenares de unas ciertas aves blancas llamadas Marías se adelantaban a nuestro paso en vehículo, llamas y obvejas pastando como buenas amigas, cielo abierto e inagotable.
Fue una tarde hermosa en la que también pude descubrir la otra cara de la ciudad, los barrios más adinerados, las cuatro por cuatro y un estilo de vida que nada tiene que envidiarle al de la clase alta argentina.
Ahora estoy en Potosí, ayer con Pablo estuvimos en unas termas inmersas en medio de las montañas, El ojo del Inca, un lugar paradisiaco, con cerros que se asemejan a los del norte argentino, repleto de colores por los diferentes minerales y algunos arbustos rodeando las aguas.
Prácticamente solos pudimos bañarnos tranquilamente en la laguna de circularidad perfecta y disfrutar de la vida. Hacia la tardecita amenizamos un poco más el feliz momento tomando una cervecita... que en Bolivia también era St Patrick, che!
Hoy una de las excursiones más interesantes, entramos en una mina. Pero eso quedará para otro momento, hay sol y Potosí llama.
viernes, 14 de marzo de 2008
Adiós Cusco
Hoy es mi último día en Perú. De repente ya estoy en medio de mis vacaciones y aunque Buenos Aires suene lejos y casi imposible (en un momento en medio del Camino del Inca hasta ponía en cuestión su existencia, como si la posibilidad de ser de cualquier otra cosa que no sea ese sendero de tierra o piedra rodeado de vegetación desconocida y frutas riquísimas, el olor de la hierba mojada, de la muña, el sabor de la coca en mi garganata, resultara dudosa) tengo una especie de melancolía. Maldito espíritu del tango que suele colarse antes de tiempo, pero en este caso no se añora la ciudad cosmopolita y bulliciosa , sino las montañas eternas y sus picos como garras, algunos nevados, otros de musgo intenso; o el sonido del río que formaba un solo canto con el viento y el habla secreta de los cerros. Algún libro habla del sonido de las montañas del Japón y más allá de la hermosa imagen poética que crea, ahora puedo entender a conciencia a lo que se refiere.
Me voy a recorrer un poco de esta ciudad, ayer con mi compañero del Camino Inca, Pablo , paseamos un poco, pero la realidad es que estábamos agotados. Pudimos entrar a la Catedral porque justo se estsaba celebrando una misa... parece que también aquí los curas se avivaron porque te cobran entre 10 y 25 soles para poder visitar las iglesias., por suerte pudimos pasar como fieles y diusfrutar de un templo imponente y bello, lleno de oro y obras de artes, pero algo carente de espíritu.
Hoy es la despedida de la ciudad y por la tarde voy a ir a visitar unas ruinas cercanas para seguir disfrutando de estas visiones antiguas que tanto me gustan. A la noche será bus hasta La Paz y de vuelta al lío de Bolivia.
Me voy a recorrer un poco de esta ciudad, ayer con mi compañero del Camino Inca, Pablo , paseamos un poco, pero la realidad es que estábamos agotados. Pudimos entrar a la Catedral porque justo se estsaba celebrando una misa... parece que también aquí los curas se avivaron porque te cobran entre 10 y 25 soles para poder visitar las iglesias., por suerte pudimos pasar como fieles y diusfrutar de un templo imponente y bello, lleno de oro y obras de artes, pero algo carente de espíritu.
Hoy es la despedida de la ciudad y por la tarde voy a ir a visitar unas ruinas cercanas para seguir disfrutando de estas visiones antiguas que tanto me gustan. A la noche será bus hasta La Paz y de vuelta al lío de Bolivia.
jueves, 13 de marzo de 2008
¡Porteadores!
Existe una figura en el Camino Inca que causa respeto, admiración y algo de lástima en todos los que nos proponemos, por diferentes motivos, hacer este peregrinaje, y es la del porteador. Los hombres que llevan este nombre son los encargados de llevar en sus espaldas más de 30 kilos de comida, carpas, garrafas, ollas y todos los elementos que nos permiten a nosotros, los caminantes, tener una estadía al menos confortante entre tanta lluvia, horas de caminata cuesta arriba, bajando escalones de dimensiones gigantes, soportando el barro y el frío o el calor insoportable en los trayectos más duros. Los porteadores hacen el recorrido con unas zandalias de caucho que compiten con las zapatillas de trekking y los pantalos desmontables de la mayoría de nosotros y sin embargo, ahí van, casi corriendo en terrenos difcultosos, con su boca repleta de hojas de coca y las espaldas doblegadas, y aún en esas condiciones, algunos hasta tienen la amabilidad de preguntar cómo vamos, si estamos bien. No voy a mentir, por momentos, el trayecto es muy duro, sobre todo el día tercero que es muy largo y viene de un segundo día de terreno con mucha subida y luego una bajada empinada, ambas escalonadas que dejan los gemelos duros como roca, y entonces, la respiración se vuelve agitada y aspera más aún por la escasez de oxígeno a esas alturas.
Es cierto que los porteadores nacen con pulmones más adaptados a estas circuntancias, pero de todos modos, resultan una figura transcendental en este Camino y junto con los guías que explican un poco de la cultura y la visión Inca del mundo, son los recuerdos más fuertes que a nivel humano me llevo de esta vivencia. Al grito de ¡Porteadores! o Porters! (hay mucho yanqui por estas zonas) se abría nuestro paso cansado hacia el costado que bordea la montaña y se los dejaba pasar con sus pesadas cargas para que cuando nostros, dos o tres horas más tarde, llegáramos al campamento ya tuviéramos nuestras carpas listas, la comida casi a punto y algo de chicha o té de coca en la mano.
El Camino Inka es hermoso, se recorren diferentes paisajes en los cuatro días, pero siempre bordenano el sagrado Río Umbamba cuyo sonido extraño después de tantos días de disfrutar de ronca furia en las cercanías. El primer tramo es más altiplano, con algunas estepas floridas y vegetación escasa, pero a medida que nos acercamos a la ciudad sagrada, el verde empieza a cambiar en un ambiente muy húmedo, muchas plantas gigantes, bambués, helechos, y se transforma en una selva, donde hay pasadizos naturales, especie de cuevas, puentes colgantes o de madera y piedras escalonadas. En el últmo día, el que se arriba a Machu Picchu, nos levantan a las 4 am para aprocechar bien toda la joranda y es el trayecto más bonito, más frondoso, con el plus de hacer trekking de noche, que es una experiencia lúdica de niño explorador muy divertida.
¿Qué decir de Machu Picchu? Es imponente, un lugar que desde lo lejos ya se planta desafiante a la mirada y a la vez invita a recorrer sus pasillos, ruinas, templos naturales aún conservados. En cuanto a la religión Inca toman mucho de las anteriores culturas de la zona, pero aún así el excelente estado de la ciudadela hacen de este espacio un lugar especial. Pero, no creo que sea la perfecta arquitectuta, sus cabales conocimientos de ingeniería o sus prolijas terrazas de cultivo, la esencia de su magnificencia, yo creo que lo que vuelve tan especial esta ciudad es que esta rodeada de una naturaleza sublime, el río que corre por debajo con su sonido y su paso furioso, las hermosas montañas de verde intenso, altísimas, como apus contenedores que regalan su tranquilidad de madre protectora.
Las personas con las que hice este camino eran todas jóvenes y simpáticos y la mayoría argetinos. Pero la realidad es que no tenían mucha idea de lo que estaban haciendo y vivían el viaje como un juego, nada mal por supuesto, pero la muestra de su desinterés ante la cultura Inca es que ni bien terminó el escueto paseo explicativo con el guía, a la media hora se fueron de Machu Picchu a la ciudad cercana de Aguas Calientes, para comer y comprar regalos... yo me quedé lo más que pude en ese lugar mágico, además es tan grande que se puede estar un par de días para apreciarlo en su inmensidad. Además, de algún modo, te da la sensación que llegar sin haber pasado por los cuatro días como ofrenda para los dioses animales y la Pachamama, no tendría el mismo sabor espiritual.
Hay mucho más por contar de estos días, pero me voy yendo que hace tiempo estoy ocupando la PC del Hostel aca en Cusco y ya me están mirando mal.
Es cierto que los porteadores nacen con pulmones más adaptados a estas circuntancias, pero de todos modos, resultan una figura transcendental en este Camino y junto con los guías que explican un poco de la cultura y la visión Inca del mundo, son los recuerdos más fuertes que a nivel humano me llevo de esta vivencia. Al grito de ¡Porteadores! o Porters! (hay mucho yanqui por estas zonas) se abría nuestro paso cansado hacia el costado que bordea la montaña y se los dejaba pasar con sus pesadas cargas para que cuando nostros, dos o tres horas más tarde, llegáramos al campamento ya tuviéramos nuestras carpas listas, la comida casi a punto y algo de chicha o té de coca en la mano.
El Camino Inka es hermoso, se recorren diferentes paisajes en los cuatro días, pero siempre bordenano el sagrado Río Umbamba cuyo sonido extraño después de tantos días de disfrutar de ronca furia en las cercanías. El primer tramo es más altiplano, con algunas estepas floridas y vegetación escasa, pero a medida que nos acercamos a la ciudad sagrada, el verde empieza a cambiar en un ambiente muy húmedo, muchas plantas gigantes, bambués, helechos, y se transforma en una selva, donde hay pasadizos naturales, especie de cuevas, puentes colgantes o de madera y piedras escalonadas. En el últmo día, el que se arriba a Machu Picchu, nos levantan a las 4 am para aprocechar bien toda la joranda y es el trayecto más bonito, más frondoso, con el plus de hacer trekking de noche, que es una experiencia lúdica de niño explorador muy divertida.
¿Qué decir de Machu Picchu? Es imponente, un lugar que desde lo lejos ya se planta desafiante a la mirada y a la vez invita a recorrer sus pasillos, ruinas, templos naturales aún conservados. En cuanto a la religión Inca toman mucho de las anteriores culturas de la zona, pero aún así el excelente estado de la ciudadela hacen de este espacio un lugar especial. Pero, no creo que sea la perfecta arquitectuta, sus cabales conocimientos de ingeniería o sus prolijas terrazas de cultivo, la esencia de su magnificencia, yo creo que lo que vuelve tan especial esta ciudad es que esta rodeada de una naturaleza sublime, el río que corre por debajo con su sonido y su paso furioso, las hermosas montañas de verde intenso, altísimas, como apus contenedores que regalan su tranquilidad de madre protectora.
Las personas con las que hice este camino eran todas jóvenes y simpáticos y la mayoría argetinos. Pero la realidad es que no tenían mucha idea de lo que estaban haciendo y vivían el viaje como un juego, nada mal por supuesto, pero la muestra de su desinterés ante la cultura Inca es que ni bien terminó el escueto paseo explicativo con el guía, a la media hora se fueron de Machu Picchu a la ciudad cercana de Aguas Calientes, para comer y comprar regalos... yo me quedé lo más que pude en ese lugar mágico, además es tan grande que se puede estar un par de días para apreciarlo en su inmensidad. Además, de algún modo, te da la sensación que llegar sin haber pasado por los cuatro días como ofrenda para los dioses animales y la Pachamama, no tendría el mismo sabor espiritual.
Hay mucho más por contar de estos días, pero me voy yendo que hace tiempo estoy ocupando la PC del Hostel aca en Cusco y ya me están mirando mal.
domingo, 9 de marzo de 2008
Antes del tan mentando Camino
Son las 6 am y estoy esperando que llegue nuestro guía para dirigirnos a unas ruinas cercanas en bus y ahí emprender el Camino del Inca. Como ya comenté por 3 días no esperen noticias, pero confío en que todo saldrá bien. Recen, pidanlé a Shiva, o practiquen alguna especie de ritual para que no caigan muchas lluvias, porque aún estamos en época de tormentas y la verdad sería magnífico llegar a la ciudadela y caminar por esas alturas con un glorioso sol en nuesttras cabezas.
Cusco es una ciudad completamente colonial de casas bajas de greda donde todavía se pueden observar en la base las piedras perfectamente ancladas entre sí que construyeron los Incas, por arriba aparecen las que pusieron los españoles, sin prolijidad alguna y de material menos resistente. Ayer me dí una sobredosis de museos, pero aprendí infinidad de cosas que guardo en el anotador que mi amiga del alma Rosario me regaló antes de partir. Se puede decir que ya soy experta en pintura colonial barroca, experta pero a la vez me parece de tan mal gusto con todos esos santos y vírgenes ataviados pomposamente y las flores bordeando sus cuerpos regordetes.
Prefiero el arte nativo y popular y los restos de los indígenas que habitaron estas tierras cuyas vasijas y utensillos son de un gusto exquisito, al menos para mi personal paladar visual.
Acá todo es más parecido a nuestra cultura aunque parezca raro, hay muchos servicios, lindos restaurantes, bares y mayor limpieza, Cusco está bien preparada para el turismo pero no por eso deja de ser mágica, con callejuelas con escalinatas engarzadas unas en otras, como un gran laberinto donde es divertido perderse y admirar el paisaje de las montañas todo alrededor de este valle hecho ciudad que en época de los Incas supo tener forma de puma. Por supuesto, estoy fascinada con la trilogía andina del Puma, el Cóndor y la Serpiente, tres animales que amo y respeto, uno significa la guerra, el otro la paz y el último la sabiduría.
A la selva y las alturas, entonces.
Cusco es una ciudad completamente colonial de casas bajas de greda donde todavía se pueden observar en la base las piedras perfectamente ancladas entre sí que construyeron los Incas, por arriba aparecen las que pusieron los españoles, sin prolijidad alguna y de material menos resistente. Ayer me dí una sobredosis de museos, pero aprendí infinidad de cosas que guardo en el anotador que mi amiga del alma Rosario me regaló antes de partir. Se puede decir que ya soy experta en pintura colonial barroca, experta pero a la vez me parece de tan mal gusto con todos esos santos y vírgenes ataviados pomposamente y las flores bordeando sus cuerpos regordetes.
Prefiero el arte nativo y popular y los restos de los indígenas que habitaron estas tierras cuyas vasijas y utensillos son de un gusto exquisito, al menos para mi personal paladar visual.
Acá todo es más parecido a nuestra cultura aunque parezca raro, hay muchos servicios, lindos restaurantes, bares y mayor limpieza, Cusco está bien preparada para el turismo pero no por eso deja de ser mágica, con callejuelas con escalinatas engarzadas unas en otras, como un gran laberinto donde es divertido perderse y admirar el paisaje de las montañas todo alrededor de este valle hecho ciudad que en época de los Incas supo tener forma de puma. Por supuesto, estoy fascinada con la trilogía andina del Puma, el Cóndor y la Serpiente, tres animales que amo y respeto, uno significa la guerra, el otro la paz y el último la sabiduría.
A la selva y las alturas, entonces.
viernes, 7 de marzo de 2008
CO-PA-CA-BA-NA
Esta ciudad que se asoma al Lago Titica es simplemente hermosa. Luego del bullicio de La Paz, la verdadera tranquilidad se encuentra en este pueblito costero de montañas y viviendas en los cerros. En las ondulaciones del terreno se aprecian las casas de colores variados y la vegetación que es más abundante que en la capital boliviana, llena de rosas y flores que desconozco. Un verdadero entorno pintoresco, pocos autos y un estado general de relajación en los turistas, que por suerte no son excesivos.
El primer día que llegué me acordé de mi hermana adorada porque es la clase de ciudad de la cual solemos enamorarnos y queremos volver siempre. Además hay un Vía Crucis en la ladera de una montaña, que subí por supuesto (una especie de Cerro de la Virgen allá en Villa General Belgrano), con un chico español muy buena onda con quien compartí mi estadía en este lugar por dos días.
Desde la altura se podía apreciar el majestuoso Lago del cual debo confesar haberme enamorado, las barcas amarradas a la orilla, el cielo de un celeste algo disminuido por la intensidad del color del agua y la vista completa de la ciudad que se abre desde allá arriba abarcando la vista y descontaminando los ojos de tanto cartel, edificio y semáforo. No sé si es que en Buenos Aires uno vive tapado por las edificaciones o metido la mayor parte del tiempo dentro de inmuebles, o simplemente se trata de un clima diferente, pero me sorprende la facilidad que tienen estas ciudades para pasar de una lluvia intensa o un cielo completamente encapotado a una vista totalmente despejada o pequeñas nubes gomosas y tenues. En Copacabana, como extra a su lindura natural, llueve por las noches y en el amanecer empieza a despejarse hasta quedar con un sol amarillo y bonito que golpea los ladrillos multiformes y los pinos dorados, hasta llegar a una temperatura ambiente suavemente templada.
El miércoles por la noche hubo tormenta fuerte y relámpagos, nosotros teníamos ticket para la Isla del sol, a la cual te llevan en unos barquitos para pasar el día recorriendo ruinas y haciendo una caminata de 3 horas. Como había predicho una lugareña, pronto salió el sol y pudimos apreciar el lago desde adentro, y hacer el "trekking" con protector solar disfrutando de un paisaje parecido al de las cercanías de Bariloche, tal vez, o la zona alta de Calamuchita. Yo estaba feliz en medio de las montañas, con vegetación de intensos verdes y algunos arroyitos que me llenan el espíritu, tal vez más que la inmensidad del Lago. No hicimos las ruinas de la Isla, simplemente con mi compañero Pablo, Javier, el español y una chica alemana nos fuimos directo a la naturaleza, hay cosas que inevitablemente hay que dejar para otros viajes, por una cuestión de tiempo o ganas, porque sobresaturar la retina con impresiones no es tampoco una manera de aprehender y captar lo que los lugares transmiten.
Ayer me parecía increíble que hacía una semanita atrás nomás estaba viajando en subte, pasando por la casa Rosada, metida en la máquina, como dice mi amigo Ezequiel. El tiempo es tan elástico, tan subjetivo, seguramente si hubiera estado en Buenos Aires, hubiera sido una semana más llena de las rutinas y rituales diarios, y sin embargo, desde acá, sometida a cambios constantes, bellezas naturales y ancestrales, parece que hace rato estoy en estas montañas y altiplano, y creo que me he enamorado un poco de este paisaje y esta naturaleza que parece no querer decir nada, pero transmite tanto.
Ahora estoy en Cusco, he curzado la frontera, la ciudad es mágica, vieja y bonita. Pero eso queda para otra entrada. Pasaré 4 días sin noticias porque mañana empieza el viaje dentro del viaje, el Camino del Inca!!!
El primer día que llegué me acordé de mi hermana adorada porque es la clase de ciudad de la cual solemos enamorarnos y queremos volver siempre. Además hay un Vía Crucis en la ladera de una montaña, que subí por supuesto (una especie de Cerro de la Virgen allá en Villa General Belgrano), con un chico español muy buena onda con quien compartí mi estadía en este lugar por dos días.
Desde la altura se podía apreciar el majestuoso Lago del cual debo confesar haberme enamorado, las barcas amarradas a la orilla, el cielo de un celeste algo disminuido por la intensidad del color del agua y la vista completa de la ciudad que se abre desde allá arriba abarcando la vista y descontaminando los ojos de tanto cartel, edificio y semáforo. No sé si es que en Buenos Aires uno vive tapado por las edificaciones o metido la mayor parte del tiempo dentro de inmuebles, o simplemente se trata de un clima diferente, pero me sorprende la facilidad que tienen estas ciudades para pasar de una lluvia intensa o un cielo completamente encapotado a una vista totalmente despejada o pequeñas nubes gomosas y tenues. En Copacabana, como extra a su lindura natural, llueve por las noches y en el amanecer empieza a despejarse hasta quedar con un sol amarillo y bonito que golpea los ladrillos multiformes y los pinos dorados, hasta llegar a una temperatura ambiente suavemente templada.
El miércoles por la noche hubo tormenta fuerte y relámpagos, nosotros teníamos ticket para la Isla del sol, a la cual te llevan en unos barquitos para pasar el día recorriendo ruinas y haciendo una caminata de 3 horas. Como había predicho una lugareña, pronto salió el sol y pudimos apreciar el lago desde adentro, y hacer el "trekking" con protector solar disfrutando de un paisaje parecido al de las cercanías de Bariloche, tal vez, o la zona alta de Calamuchita. Yo estaba feliz en medio de las montañas, con vegetación de intensos verdes y algunos arroyitos que me llenan el espíritu, tal vez más que la inmensidad del Lago. No hicimos las ruinas de la Isla, simplemente con mi compañero Pablo, Javier, el español y una chica alemana nos fuimos directo a la naturaleza, hay cosas que inevitablemente hay que dejar para otros viajes, por una cuestión de tiempo o ganas, porque sobresaturar la retina con impresiones no es tampoco una manera de aprehender y captar lo que los lugares transmiten.
Ayer me parecía increíble que hacía una semanita atrás nomás estaba viajando en subte, pasando por la casa Rosada, metida en la máquina, como dice mi amigo Ezequiel. El tiempo es tan elástico, tan subjetivo, seguramente si hubiera estado en Buenos Aires, hubiera sido una semana más llena de las rutinas y rituales diarios, y sin embargo, desde acá, sometida a cambios constantes, bellezas naturales y ancestrales, parece que hace rato estoy en estas montañas y altiplano, y creo que me he enamorado un poco de este paisaje y esta naturaleza que parece no querer decir nada, pero transmite tanto.
Ahora estoy en Cusco, he curzado la frontera, la ciudad es mágica, vieja y bonita. Pero eso queda para otra entrada. Pasaré 4 días sin noticias porque mañana empieza el viaje dentro del viaje, el Camino del Inca!!!
martes, 4 de marzo de 2008
Altiplano en sangre
Muchas cosas me llaman la atención en estas tierras, por un lado el perfecto aseo de los zapatpos, desde empresarios hasta humildes comerciantes diariamente se los hacen limpiar por lustrabotas cuyo rostro está totalmente tapado (especie de militantes de quebracho o piqueteros) pero en este caso el motivo se debe a que es uno de los trabajos cuya reputación social es de las más bajas, junto con el de los basureros y lo que higienizan las calles.
En cuanto a la pregunta general y el estigma con el que me enfrenté a estos ciudadanos, debo aclarar, para decepción de muchos, que no encuentro los olores increíblmente rancios y la suciedad insoportable que me pregonizaron unos cuantos. Por un lado, en mis excursiones con turistas europeos he sentido más profundamente el aroma del típico viajero de este continente que entre mucho hostel y un ahorro de dinero, aún más que bien favorecido por el cambio, deciden eliminar la ducha por varios días y se han olvidado los perfumes en sus casas...
En un combo muy divertido, esta mañana partí a Tiahanacu con 4 italianos, una pareja francesa, 3 japoneses, un australiano, 3 chilenos y un sueco. En tan linda mezcla de razas, además del olor a días de no baño, se resaltaba el estruendo al hablar de los oriundos de Italia, la silenciosa comunicación entre los franceses y los zapatos en perfecto estado del chofer y el guía bolivianos.
Tiwanaku, sinceramente, es hermoso. El camino que conduce a tan importante ciudad "cuna de las culturas precolombinas" como reza su slong es maravilloso, un paisaje árido rodeado de montañanas, algunas de picos nevados y con esa mezcla de contención y a la vez de rechazo que genera una naturaleza seca y de colores musgos, amarronados, sobrevolados por el cielo que por sectores se llena de nubes cercanas que parece posible alcanzarlas si se escala alguno de los cerros, y partes de cielo azul celeste profundo abierto. Es un paisaje que me recordó por momentos algunas zonas de Traslasierra en mi querida Córodoba pero rápidemanete intenté desechar ese pensamineto, evitando la tranquilidad de un espacio conocido, para dar lugar a que el Altiplano me sorprenda. Y así lo hizo, las sensación de plenitud y éxtasis en la ciudadela, entre las pirámides bajo escombros encontradas, ante los símbolos de una cultura rica, me dejaron abrumada pero a la vez despierta.
Lo que me interesa siempre, es evidente, es la simbología, la significancia que tiene el arte y la arquitectura en estos pueblos ya que es, en definitiva, su cosmovisón del mundo, su manera de acercase a la tierra y el cielo y comprenderlos, de darle sentido a la vida, a la muerte, al rito que están ejecutando. Tanto en mis acercamientos a las representaciones de deidades hindúes, como en la observación de los monolitos, vasijas y artesanías estos días, lo que busco es qué significa el felino, lo que representa el cóndor, qué esconde el pez que nada siguiendo determinada corriente.
En el museo arqueológico de esta ciudad, lo primero que te llevan a ver es el Monolito Pachamama o Bennett (quien lo descubrió), yo percibí unos instantes de silencio de respeto y recogimiento en todo el grupo al ver ese monumento dentro de un inmenso cuarto de luces tenues. Para mí fue muy emocionante e intimista, en esos momentos molesta la voz del guía, molestan los chilenos desubicados intentando sacar fotos a escondidas aunque haya carteles que digan muy claramente que no están permitidas, molesta el cuchicheo en lenguas de cualquier tipo... y sin embargo logra establecerse una liazón con esa imagen repleta de simbología y significado. No voy a dar una clase sobre lo que escuché esta tarde, cualquiera puede buscarlo por Internet, pero me fascina cómo de algún modo, por una conciencia colectiva temporal a nivel planetario o por una efectiva comunicación precolombina de comercio o lo que fuere hay símbolos que se repiten de cultura a cultura.
El conocimiento astronómino o ingenieril que poseían estas viejas cultura no civilizadas descansaba a su vez en un respeto por sus deidades y por la naturaleza que hoy está perdido. Aterroriza, pero creo que más entristece saber que hoy nadie puede vivir en la naturaleza y aprender sus signos, guiarse por sus estrellas, navegar sus ríos, cultivar la tierra sin los elementos que ofrece la técnica de este y el pasado siglo. Creo que es más loable un pueblo como éste que aún conserva la sabiduría que transmite la tierra, y no ese vacío de costumbre y origen que se observa en las villas que rodean Buenos Aires y otras ciudades (en un intento por desmitificar un poco la causa y origen de esos problemáticos asentamientos suburbanos), ya que por lo que he visto acá, aún yendo a la caótica y compleja ciudad del Alto, aún se cuida la Pachamama y se sirven de sus dones para la supervivencia.
Al regreso de la ciudad, fuí al Museo de la Revolución donde hay murales de una belleza increíble, a mí me recordaron a Berni, (entendidos no me peguen) y por último al Museo de Arte Nacional, donde rescato una obra expresionista hermosa de un tal Juan Risma y muchas del famosos Cecilio Gutierrez de Rojas.
Me queda pendiente lo de ayer que fue un día muy bonito y con muchas actividades, también el la jornada del domingo, repleto de ferias, pero me ha cansado Internet... si alguno leyó textos míos, sabe que la cronología no es mi fuerte, sin querer parece que en este blog cometeré el mismo desvarío y cuando pueda - o no- escribirré lo pasado días previos. A modo de cierre, para los que estaban preocupados, mi compañero de viaje Pablo es un buen muchacho y los baños que he encontrado no tienen nada que envidiarle a los argentinos, lo que sí mi ducha es eléctrica pero nunca sale fría así que me aseo por partes, como lo hacía hace siglos vaya a saber por donde...
PD: Las fotos tarden años en subirse!!! Ayudaaaa
En cuanto a la pregunta general y el estigma con el que me enfrenté a estos ciudadanos, debo aclarar, para decepción de muchos, que no encuentro los olores increíblmente rancios y la suciedad insoportable que me pregonizaron unos cuantos. Por un lado, en mis excursiones con turistas europeos he sentido más profundamente el aroma del típico viajero de este continente que entre mucho hostel y un ahorro de dinero, aún más que bien favorecido por el cambio, deciden eliminar la ducha por varios días y se han olvidado los perfumes en sus casas...
En un combo muy divertido, esta mañana partí a Tiahanacu con 4 italianos, una pareja francesa, 3 japoneses, un australiano, 3 chilenos y un sueco. En tan linda mezcla de razas, además del olor a días de no baño, se resaltaba el estruendo al hablar de los oriundos de Italia, la silenciosa comunicación entre los franceses y los zapatos en perfecto estado del chofer y el guía bolivianos.
Tiwanaku, sinceramente, es hermoso. El camino que conduce a tan importante ciudad "cuna de las culturas precolombinas" como reza su slong es maravilloso, un paisaje árido rodeado de montañanas, algunas de picos nevados y con esa mezcla de contención y a la vez de rechazo que genera una naturaleza seca y de colores musgos, amarronados, sobrevolados por el cielo que por sectores se llena de nubes cercanas que parece posible alcanzarlas si se escala alguno de los cerros, y partes de cielo azul celeste profundo abierto. Es un paisaje que me recordó por momentos algunas zonas de Traslasierra en mi querida Córodoba pero rápidemanete intenté desechar ese pensamineto, evitando la tranquilidad de un espacio conocido, para dar lugar a que el Altiplano me sorprenda. Y así lo hizo, las sensación de plenitud y éxtasis en la ciudadela, entre las pirámides bajo escombros encontradas, ante los símbolos de una cultura rica, me dejaron abrumada pero a la vez despierta.
Lo que me interesa siempre, es evidente, es la simbología, la significancia que tiene el arte y la arquitectura en estos pueblos ya que es, en definitiva, su cosmovisón del mundo, su manera de acercase a la tierra y el cielo y comprenderlos, de darle sentido a la vida, a la muerte, al rito que están ejecutando. Tanto en mis acercamientos a las representaciones de deidades hindúes, como en la observación de los monolitos, vasijas y artesanías estos días, lo que busco es qué significa el felino, lo que representa el cóndor, qué esconde el pez que nada siguiendo determinada corriente.
En el museo arqueológico de esta ciudad, lo primero que te llevan a ver es el Monolito Pachamama o Bennett (quien lo descubrió), yo percibí unos instantes de silencio de respeto y recogimiento en todo el grupo al ver ese monumento dentro de un inmenso cuarto de luces tenues. Para mí fue muy emocionante e intimista, en esos momentos molesta la voz del guía, molestan los chilenos desubicados intentando sacar fotos a escondidas aunque haya carteles que digan muy claramente que no están permitidas, molesta el cuchicheo en lenguas de cualquier tipo... y sin embargo logra establecerse una liazón con esa imagen repleta de simbología y significado. No voy a dar una clase sobre lo que escuché esta tarde, cualquiera puede buscarlo por Internet, pero me fascina cómo de algún modo, por una conciencia colectiva temporal a nivel planetario o por una efectiva comunicación precolombina de comercio o lo que fuere hay símbolos que se repiten de cultura a cultura.
El conocimiento astronómino o ingenieril que poseían estas viejas cultura no civilizadas descansaba a su vez en un respeto por sus deidades y por la naturaleza que hoy está perdido. Aterroriza, pero creo que más entristece saber que hoy nadie puede vivir en la naturaleza y aprender sus signos, guiarse por sus estrellas, navegar sus ríos, cultivar la tierra sin los elementos que ofrece la técnica de este y el pasado siglo. Creo que es más loable un pueblo como éste que aún conserva la sabiduría que transmite la tierra, y no ese vacío de costumbre y origen que se observa en las villas que rodean Buenos Aires y otras ciudades (en un intento por desmitificar un poco la causa y origen de esos problemáticos asentamientos suburbanos), ya que por lo que he visto acá, aún yendo a la caótica y compleja ciudad del Alto, aún se cuida la Pachamama y se sirven de sus dones para la supervivencia.
Al regreso de la ciudad, fuí al Museo de la Revolución donde hay murales de una belleza increíble, a mí me recordaron a Berni, (entendidos no me peguen) y por último al Museo de Arte Nacional, donde rescato una obra expresionista hermosa de un tal Juan Risma y muchas del famosos Cecilio Gutierrez de Rojas.
Me queda pendiente lo de ayer que fue un día muy bonito y con muchas actividades, también el la jornada del domingo, repleto de ferias, pero me ha cansado Internet... si alguno leyó textos míos, sabe que la cronología no es mi fuerte, sin querer parece que en este blog cometeré el mismo desvarío y cuando pueda - o no- escribirré lo pasado días previos. A modo de cierre, para los que estaban preocupados, mi compañero de viaje Pablo es un buen muchacho y los baños que he encontrado no tienen nada que envidiarle a los argentinos, lo que sí mi ducha es eléctrica pero nunca sale fría así que me aseo por partes, como lo hacía hace siglos vaya a saber por donde...
PD: Las fotos tarden años en subirse!!! Ayudaaaa
domingo, 2 de marzo de 2008
Arrivata
EL vuelo estuvo muy bien, en un presagio de mis condiciones físicas - hasta ahora al menos- no me apuné siquiera en el momento del aterrizaje que suele ser un poco extremo para mi organismo. De todos modos, no deja de sorprenderme, cada vez que viajo en avión, los inventos técnicos del ser humano, más allá de mi desconocimiento de física y mecánica, simplemente el hecho de animarse a meterse entre las nubes posicionarse por encima de ellas y llegar en 5 horas a lugares que se tardarían horas, me parece aterrorizante y maravilloso al mismo tiempo.
Todo acá es desorganizado y caótico y mi estado de ánimo se lleva muy bien (algunos, tal vez mis padres no se sorprendan) con esa mezcla de lío y regateo y quejas sobre dolores físicas y sobre los precios y ese modo de hablar en un tono apelmasado y tranquilo que resulta increíblemente musical al oído acostumbrado al ansioso y extrovertido castellano del Río de la Plata. El boliviano escoge las palabras, aún si su vocabulario es limitado, intenta expresarse siguiendo el hilo de sus pensamientos o más aún sus impresiones...
La ciudad, al menos las partes que recorrí esta mañana es un gran mercado callejero, alguien me comentó "como un Barrio Once gigante", no comparto ni un poco, es un mercado de toldos y cajones tirados en el piso donde se exhiben desde medias de lycra hasta camaraones y yogures sin refrigerar y multitud de frutas y verduras algunas desconocidas, donde se gritan las ofertas y hay peleas callejeras constantes.
No quiero escribir mucho más porque se hace la hora del almuerzo y quiero ir a probar algunas cosillas de aca, además este teclado me esta costando demasiado... lo único que digo es que el mal de altura es un invento de los jugadores de fútbol argentinos.
Todo acá es desorganizado y caótico y mi estado de ánimo se lleva muy bien (algunos, tal vez mis padres no se sorprendan) con esa mezcla de lío y regateo y quejas sobre dolores físicas y sobre los precios y ese modo de hablar en un tono apelmasado y tranquilo que resulta increíblemente musical al oído acostumbrado al ansioso y extrovertido castellano del Río de la Plata. El boliviano escoge las palabras, aún si su vocabulario es limitado, intenta expresarse siguiendo el hilo de sus pensamientos o más aún sus impresiones...
La ciudad, al menos las partes que recorrí esta mañana es un gran mercado callejero, alguien me comentó "como un Barrio Once gigante", no comparto ni un poco, es un mercado de toldos y cajones tirados en el piso donde se exhiben desde medias de lycra hasta camaraones y yogures sin refrigerar y multitud de frutas y verduras algunas desconocidas, donde se gritan las ofertas y hay peleas callejeras constantes.
No quiero escribir mucho más porque se hace la hora del almuerzo y quiero ir a probar algunas cosillas de aca, además este teclado me esta costando demasiado... lo único que digo es que el mal de altura es un invento de los jugadores de fútbol argentinos.
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