Existe una figura en el Camino Inca que causa respeto, admiración y algo de lástima en todos los que nos proponemos, por diferentes motivos, hacer este peregrinaje, y es la del porteador. Los hombres que llevan este nombre son los encargados de llevar en sus espaldas más de 30 kilos de comida, carpas, garrafas, ollas y todos los elementos que nos permiten a nosotros, los caminantes, tener una estadía al menos confortante entre tanta lluvia, horas de caminata cuesta arriba, bajando escalones de dimensiones gigantes, soportando el barro y el frío o el calor insoportable en los trayectos más duros. Los porteadores hacen el recorrido con unas zandalias de caucho que compiten con las zapatillas de trekking y los pantalos desmontables de la mayoría de nosotros y sin embargo, ahí van, casi corriendo en terrenos difcultosos, con su boca repleta de hojas de coca y las espaldas doblegadas, y aún en esas condiciones, algunos hasta tienen la amabilidad de preguntar cómo vamos, si estamos bien. No voy a mentir, por momentos, el trayecto es muy duro, sobre todo el día tercero que es muy largo y viene de un segundo día de terreno con mucha subida y luego una bajada empinada, ambas escalonadas que dejan los gemelos duros como roca, y entonces, la respiración se vuelve agitada y aspera más aún por la escasez de oxígeno a esas alturas.
Es cierto que los porteadores nacen con pulmones más adaptados a estas circuntancias, pero de todos modos, resultan una figura transcendental en este Camino y junto con los guías que explican un poco de la cultura y la visión Inca del mundo, son los recuerdos más fuertes que a nivel humano me llevo de esta vivencia. Al grito de ¡Porteadores! o Porters! (hay mucho yanqui por estas zonas) se abría nuestro paso cansado hacia el costado que bordea la montaña y se los dejaba pasar con sus pesadas cargas para que cuando nostros, dos o tres horas más tarde, llegáramos al campamento ya tuviéramos nuestras carpas listas, la comida casi a punto y algo de chicha o té de coca en la mano.
El Camino Inka es hermoso, se recorren diferentes paisajes en los cuatro días, pero siempre bordenano el sagrado Río Umbamba cuyo sonido extraño después de tantos días de disfrutar de ronca furia en las cercanías. El primer tramo es más altiplano, con algunas estepas floridas y vegetación escasa, pero a medida que nos acercamos a la ciudad sagrada, el verde empieza a cambiar en un ambiente muy húmedo, muchas plantas gigantes, bambués, helechos, y se transforma en una selva, donde hay pasadizos naturales, especie de cuevas, puentes colgantes o de madera y piedras escalonadas. En el últmo día, el que se arriba a Machu Picchu, nos levantan a las 4 am para aprocechar bien toda la joranda y es el trayecto más bonito, más frondoso, con el plus de hacer trekking de noche, que es una experiencia lúdica de niño explorador muy divertida.
¿Qué decir de Machu Picchu? Es imponente, un lugar que desde lo lejos ya se planta desafiante a la mirada y a la vez invita a recorrer sus pasillos, ruinas, templos naturales aún conservados. En cuanto a la religión Inca toman mucho de las anteriores culturas de la zona, pero aún así el excelente estado de la ciudadela hacen de este espacio un lugar especial. Pero, no creo que sea la perfecta arquitectuta, sus cabales conocimientos de ingeniería o sus prolijas terrazas de cultivo, la esencia de su magnificencia, yo creo que lo que vuelve tan especial esta ciudad es que esta rodeada de una naturaleza sublime, el río que corre por debajo con su sonido y su paso furioso, las hermosas montañas de verde intenso, altísimas, como apus contenedores que regalan su tranquilidad de madre protectora.
Las personas con las que hice este camino eran todas jóvenes y simpáticos y la mayoría argetinos. Pero la realidad es que no tenían mucha idea de lo que estaban haciendo y vivían el viaje como un juego, nada mal por supuesto, pero la muestra de su desinterés ante la cultura Inca es que ni bien terminó el escueto paseo explicativo con el guía, a la media hora se fueron de Machu Picchu a la ciudad cercana de Aguas Calientes, para comer y comprar regalos... yo me quedé lo más que pude en ese lugar mágico, además es tan grande que se puede estar un par de días para apreciarlo en su inmensidad. Además, de algún modo, te da la sensación que llegar sin haber pasado por los cuatro días como ofrenda para los dioses animales y la Pachamama, no tendría el mismo sabor espiritual.
Hay mucho más por contar de estos días, pero me voy yendo que hace tiempo estoy ocupando la PC del Hostel aca en Cusco y ya me están mirando mal.
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2 comentarios:
Que lindo fue escucharte anoche, que alegría. En cuanto a lo que vas describiendo me parece fantástico, sobre todo lo de los porteadores, eso confirma que todas las tareas son dignas si hay dignidad en quién las realiza. Quizás esa tierra mística contagie tu espíritu, no digo que seas una porteadora, pero tengo la esperanza de que por lo menos dejes el placard cerrado. Te amo mucho, te extraño pero como en el viaje al sur soy terriblemente feliz por tu experiencia. Un besotón. Pa.
jajajaja, acabo de leer el comentario de pa, y me dio mucha gracia.
Comparto lo que dice que fue una alegría ¨leerte¨ en realidad.
Qué bueno que terminaste bien ese bendito camino.
Qué ganas de ir que me dan!!!!
Cómo se pierde de las cosas esenciales de la vida, cuando uno es esclavo de la rutina. BIEN POR HACERLO MILO!!!!
FELICITACIONES MILES!!
Ya se me paso el enojo.
Y aunque a veces me haces engranar (bien cordobés) TE ADORO CON EL ALMA!!! ANDREO
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